Ganges

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Crecemos buscando ese punto extremo  entre cielo y la tierra, mientras el agua brota de las rocas  y un rumor deviene destino  original ; buscando respuestas estamos. Como peregrinos en la ribera, como peces nadando contra la corriente, remontamos sus  aguas y tus márgenes curva a curva. Buscando tu fuente, ascendimos por los valles, justo cuando en el amanecer, la primavera, deshielo nuestras tristezas y ofrecimos juntos las ofrendas, en los templos de piedra, en los de la  naturaleza;  enredaderas  florecidas, ramificándose, en afluentes, que creó la firme mano de Shiva. Agradecidos llegamos hasta la blanca pared del glaciar,  donde brotaba el agua lechosa, de las entrañas de la más sagrada de las cuevas. Pero fuimos  mas allá,  buscando ese lugar tronante  de mundo y origen,  de vida y respuesta. Ahora no estoy seguro, si lo que vimos fue a los mismos dioses, a krishna, o a las lunas de  Orión,  porque en un abrir y cerrar de ojos se terminó el verano y  los cielos se cubrieron de  nubes  y  en monzón  llovió el Ganges,  sobre nuestras desdichas. Lágrimas benditas de Brahma, que rodaron por lo bosques, en gotas de una misma y variada sabiduría. Así   pasaron eones, que apenas advertimos, pero seguimos hasta el amanecer en agitado borboteo. Renacidos los primeros  rayos  iluminaron  la ciudad sagrada. El agua crepito en oleajes  suaves que salpicaron en reflejo, los suntuosos  templos, minaretes y  mezquitas; en las imágenes y cuerpos que  hallaban nuestras creencias en la redención de agua. De aire ondeado en las banderas de  colores, en el sonido de las campanas y en el murmullo de la muchedumbre, como mantras girando, bajo las deidades, entremezclados  ya búfalos, ya peregrinos, tal vez macacos y guirnaldas, mientras ascendía el  humo de los fuegos funerarios que liberaban el alma de  lo ahora cenizas, y de lo que se transformara en el fondo del agua en fluir de existencia en otros seres. Los vedas y los saris  de las  mujeres como auroras; las ofrendas lo decían a todo color,  hasta en los pétalos de las flores, que flotaban a la deriva  en el agua  oscura. Tantos dioses…. El  Ganges y los pecados, el fin del karma y el camino cósmico estaban en un instante único. Era la aurora  de la muerte y el renacimiento constante. Fragmentos del tiempo fluían hacia los manglares, para que sus raíces retuvieran a los dioses y a las miles de imágenes que las culturas aferraban. Destino de océano y de ciclo. Era la rueda  de transformaciones y somos insecto y animal, agua, siendo hombres, ceniza y  manglar y peces y sobre todo Ganges cayendo desde el cielo, acariciando las márgenes, lavando pecados; mientras seguimos buscando respuestas, sobre ese punto extremo, entre el cielo y  la  tierra Granos de arena en la vastedad del universo, almas sedientas en las márgenes del Ganges, sin principio ni fín….

 

 

18/11/2007 21:40


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