Lamentango- (Inundado de...)
Estaba tirado en la catrera, viendo como las sombras ya estiradas de los muebles desaparecían poco a poco de lo que alguna vez fue una blanca pared. Habían cobrado vida por la magia de la única vela que me quedaba. En estos tiempos de electricidad y de inundación las velas eran el oro, de nosotros los pobres; para ver; para rezar. Pero después de todo -¿que era lo que había que ver?- ¿a quien había que rezar?-. Si lo único que había afuera era la tristeza del agua amenazante; y apenas algunos perros deambulado bajo la persistente lluvia. Hacia semanas que todo era humedad y más humedad. Era ese olor de las cosas solas. Si la tristeza tuviera olor, seria ese. Yo lo sabía, fue hace un tiempo cuando ella se fue; que también estaba ese olor a humedad, a muebles solos, a casa vacía; vacía de olores de comidas de risas y porque no berrinches de mi único hijo Ariel. También él se fue, y aunque me dijo chau con su manito, yo pensé que seria por poco. Tenia que conseguir un trabajo y Maria se quedaría; dejaría de acusarme de vago y de inútil. Yo se que no hay olvido, pero supongo que ella si me olvido, porque no volvió. Lo único que me queda es este ranchito, lleno de goteras y amenazado con desaparecer con la creciente. Si lo cuidara para ellos tal vez le encontraría más sentido a estar encerrado entre estas paredes ya despintadas. Pero si ya lo perdí todo, por lo menos es algo para hacer. Cuidar algo. Trabajo ya no tengo; algunas changas de vez en vez. De lo que sea trabajo, no se si para demostrarle a ellos que puedo, que todavía puedo ser útil. Pero ya estoy grande y me duele todo. ¡Tanto silencio!, ni los chicos por la calle. Es el silencio de los inundados; es la constante silenciosa de la perdida; del vacío en la totalidad de las aguas. A veces cuando me afeito me cuesta reconocerme en el espejo; pero algo es algo. La imagen que me mira del otro lado, me dice que alguien, aunque sea por un rato comparte mi silencio y mi desconcierto ante lo que observa. Si los recuerdos cayeran como la humedad; como la lluvia; y se los llevara el río, pensé. Ser alguien, esa ha sido mi obsesión desde antes que ella se fuera._-Sos un don nadie; ¡ mirálo al Mario! es mas viejo que vos y trabaja de sereno y gana cualquier plata; en cambio -¿vos que haces? - ¡Nada! – ¡Sos, un don nadie ,¡No servís para nada! Y capaz que tenia razón; yo de chico quería estudiar mis viejos quisieron darme eso, que ellos no habían tenido. Y yo quería tanto.... Si supieran como quería. Hasta me pagaron un maestro particular. (Yo no sabia esto antes), pero lo que leía, se me escapaba de la cabeza. Lo entendía pero, cuando me distraía se había ido. Todavía me acuerdo como si fuera hoy cuando me hicieron una prueba y me preguntaron por Pitágoras, y a mi se me hizo como un triangulo en la cabeza y me quede mudo. El profesor me miraba y yo no habría la boca. Y ahí nomás lloraba. Tenía miedo, nací con miedo. Antes no había psicólogos como ahora; antes, eran siquiatras y solo los locos se atendían y mi mamá, prefería tener un hijo burro, un vago; pero nunca un loco. Creo que ellos nunca supieron, las ganas de verdad que tenia. Quería tanto estar en la escuela; hacer las pruebas en vez de vagabundear por ahí. Menos me hubieran entendido lo que me pasaba ya más mozo. Si daba vueltas y no entraba a los trabajos, no era por mala voluntad Es que me quedaba mudo cuando me preguntaban como me llamaba, o que sabía hacer. Hasta el Valentín se me congelaba como Pitágoras en la prueba. He llegado a la conclusión,( ahora de grande), que algunos nacen muy orgullosos; otros inteligentes, y otros con miedo. (Aunque también hay inteligentes con miedo). Precisamente hoy estoy convencido; esa era la causa porque me juntaba con los que no iban a la escuela. Por miedo. Yo que quería tanto, había nacido, como signado por mi burres, de memoria corta. Por lo menos ellos, los vagos, hacían lo que querían, yo no, solo miedo de la mirada de los maestros tenia, y de mi memoria que se escapaba..., que se escapaba. Y bueno, así progresaron todos, menos yo. Supongo fui la peor inversión de mis viejos. Me parece escucharlo a papá diciéndome -¿porque, si nos rompemos el alma por vos?- Yo nunca tuve un libro y vos lo único que haces es vaguear, al menos pone el lomo. Pero también tenía miedo de eso. La gente me daba miedo. Y bueno por lo menos no los disguste con mi locura. El otro día me mire al reflejo del agua del rio oscuro; hoy casi desbordado, y me vi parecido,( supongo la genética). Me falta estar mas pelado solamente. Con este miedo metido adentro he vivido y supongo que es algún destino, que alguien me eligió, porque si. Aunque a veces pienso que hay decisiones que definen un destino y yo decidí ser burro y vago, mas nunca, pero nunca (eso si mamá), te juro…. loco nunca, Aunque a veces, necesito mirar las cosas para compararme, es decir para saberme acá, vivo, ser humano. Y ahí vienen los miedos, cuando se corta la luz eléctrica por la inundación y empiezo a perderme en las sombras. Tengo miedo de desaparecer mientras llueve, en la noche que se adueña de todo; Es cuando miro con desesperación la vela que se consume más y más. Y mas soledad y menos yo y mas vos, y ustedes dos, pero lejos, más lejos. Ya se apagaba la vela, cuando encontré una pila en el cajón de la mesita de luz y ahí nomás antes de que fuera mas tarde, pude encender la radio cuando ya moribunda la vela finiquitaba, consumida en su breve y fugaz tiempo de luz o de oración y promesa Al celular le pasaba lo mismo. Se estaba descargando, no de hablar sino que a veces me servia como linterna. Nada que hacer, me recosté en la cama y me tape con la cobija húmeda, con la mano colgando al costado, tocando el suelo, por si me dormía y entraba el agua. No me iba a agarrar desprevenido. Con la radio en la otra mano sobre le pecho, pensaba que fumaba; imaginaba el humo, dando vueltas ,pero mas que nada para imaginar la braza roja que en cada pitada iluminaba el oscuro entorno y así espantaba en una inspiración, las sombras que me diluían como el agua. Pero ni para cigarrillos tenia. Bueno, justo cuando la braza se encendía, Ahí, justo, ahí paso algo increíble, algo que no voy a olvidar nunca. Todo era humedad, y yo más solo que solo; el celular moribundo sin electricidad para cargarlo. Como que si por ausencia y abandono se tratara podría llamar a la electricidad Maria y también, como no Ariel. Y en esa noche sin fusibles, pero con radio...-La escuche. Recitaba tangos, y me corrió un escalofrío por la espalda.¡ Que voz!,¡ que ternura y comprensión!, cuanto amor. No soy tonto, me di cuenta hablabas para mi. Tangos y poesías de amor.-Si, en esa noche triste me hablaste solo a mí; fuiste mi luz, mi candil; tus palabras destaparon mis neuronas dormidas por miedo, por burro y vago. Mi cabeza exploto y tan emocionado estaba que cuando pasaron el número telefónico de la emisora, mis dedos teclearon de memoria y en plena oscuridad en la posición exacta; sincronicidad pura; ya inteligente, brillando con la luz de voz. Me atendió un paparúlo, que me pregunto el nombre la dirección y por poco mas el documento. Resignado a que no fueras vos, mi corazón era un bandoneón crujiente hecho de tango y tristeza, Peor que la ciudad oscura.-Diga don Valentín; diga lo que quiera yo le escribo el mensaje y se lo paso a Maria. ¿Qué Maria?- (pregunte)-La locutora, anímese que la tengo al lado. Anímese. ¿Pueden creer? -Se llamaba Maria. Y si estaba al lado, porque no. Hasta me escucharía aunque no quisiera; no por la cercanía al teléfono, sino por la pasión de agua de torrente ya desbordado de su cauce definitivamente en que se había convertido mi corazón. Entonces me olvide del paparulo y solo pensé en ella, en Maria. Y la noche se hizo luz de alegría de compañía Les juro, les puedo asegurar que de mi boca salían poesías del más puro arrabal; de amores perdidos (solo por un rato), porque después se encontraban. Porque las pérdidas eran promesas, posibilidades, de encuentro, de percantas de pasiones y no muy santas intenciones. Lo dije todo. Yo que era el burro, lo dije todo. Estrofas que de tan sentidas no parecían mías, mas bien de alguien que sabia y decía lo que verdaderamente sentía; yo Valentín, paladín de todos los enamorados. Y fue así como, el aroma de la tristeza y la soledad se trocaron y multiplicaron en tablas aritméticas, cuyos valores estaban constituidos por los más sublimes perfumes de las madreselvas, logaritmos de rosales, la teoría de las cuerdas (fractales de tu pelo). Y al fin… tus ojos soñadores, tímidos y míos. ¡Ya sin miedo ni pudor! Loco -Tal vez si, -Loco pero de pasión inteligente Hecha palabra libre, sin miedo; mas Valentín que nunca. Puedo asegurarles que jamás se volverán a escuchar estrofas mas sentidas. Yo estaba como en otro mundo, flotando en néctares de ninfas bien criollas cuando el paparulo me hizo aterrizar de una patada.-Ya está don Valentín, ya está; ya escribí, ahora se lo paso don -Muy bien, ¡muy bueno!, ¡muy bueno!Esperé..., El corazón se me salía del pecho y como para que no se escapara por la cabeza, me pegue la radio a la oreja. Ella leía los mensajes de los oyentes. Cuando me llego el turno, apenas me reconocí. Ella decía; si ella, decía que yo, Valentín. Valentín de la calle Justo al 900 me quejaba de la E.P.E. - ¡Que otra vez me había dejado sin luz! Primero me enoje. Todo lo que dije ya era parte del pasado; memoria corta tenia. Nunca más se repetirían..., versos tan sentidos. Pura poesía. Pero esa noche amenazante de inundación, de certeza de lluvia y tormenta; Maria; en esa noche triste, fuiste mil candiles para mi; y lograste que como hacia mucho, durmiera con la luz prendida, sin electricidad, sin velas, solo con tu voz que corría y espantaba a las sombras... y encendía, por fin, de nuevo, otro destino posible para mi, En el que la oscuridad, como el miedo, se iban estremecidos por tu recuerdo.