Blue Mhotel
Nada podría confirmar ni desmentir, todas las verdades o mentiras que pasan por mi cabeza, en un día como hoy, de silencio obligado y meses cruzados como ráfagas de viento huracanado, que me desvían del sendero que me impuse, cuando pretendí seguir tus huellas, en los escarpados terrenos, en los subterráneos espacios, que orada el recuerdo a medida que la distancia socava el más profundo pensamiento.Puedo imaginar el celular sonado una y otra vez, vibrando y timbrando, en un lugar vacío; el cual podría ser un cuarto de hotel, en una cartera, dentro de un bolso; quizás guardado en un ropero; sobre un rincón de la habitación; también sobre una de las camas a 3000 Km. de distancia; en un clima frío, y ventoso. Cálido lugar, cuando estaba a tu lado.Hace frío, por tanto las ventanas pequeñas están cerradas y sus cortinas gastadas, corridas hacia los lados dejan ver tras los vidrios traslucidos a causa del polvo depositado, luces a la distancia. mientras el polvo se desliza hacia los pisos inferiores, chocando una y otra vez contra el pavimento, obligado por la vibración y el ruido de los camiones cargados, que en sus filas interminables, soportan el peso de la roca, arrancada de las entrañas, de la alguna vez inmutable montaña; con la excusa de extraer su mineral latente y codiciado, con el aval, que solo da la urgencia, inevitablemente humana. Más distantes pueden verse, las montañas casi grises y algunas primarias luces de poblados cercanos; que dejan a la minera, más lejos, como escondiéndose avergonzada de su saqueo persistente.La noche cae despacio y el cuarto se oscurece con la misma facilidad. Todo parece impersonal. Dos camas de una plaza, las mesitas de luz, dos veladores con la lámpara medio desteñida de tanto dar a luz soledades; de tantos extraños visitantes fugaces.Aunque en realidad me imagino que el celular ya no esta ahí, sin duda ha partido y tal vez esté en un campamento, con el aire enrarecido por la molienda de las rocas, hechas polvo en su lixiviación; antes del cianuro; antes de la separación; aunque no antes de la contaminación. En el aire flota el mismo polvo que obstaculiza la visión tras los vidrios de las ventanas de ese hotel, tratando de liberarse del destino que lo robó de la montaña; pero solo por un instante, pues nada impedirá que caiga sobre los tejados, los glaciares y los lagos, que perderán su prístino azul original; así como los cultivos de tabaco, de mimbre de cerezos, y hasta sobre las alas de las abejas que verán con desazón los apicultores de la zona. También se asentará, sobre los cascos amarillos, que al final del turno conocerán la oscuridad tras las puertas con candado, de un casillero en particular y donde ya abandonado, hará de caparazón empolvado a un celular, que vibra y timbra escondido, acurrucado. Perdido ya, de preguntas y de sonidos desacompasados en el silencio y en medio de la más oscura soledad, cerca pero no dentro de la mina. Podría estar en tu bolsillo; pero no; apenas queda tiempo para que me contestes. Se que hay mucho trabajo, pero habrá camaradería. Soledades compartidas. Afecto. Quizás alguna caricia algún consuelo; algo de alcohol y las ganas de quedarse juntos, de que nadie se vaya. Y algún día te animaras; se quedaran y compartirán intimidades y se juraran amor eterno. Entonces tu vida empezara de nuevo, y todo cobrara sentido. Sentirás que la vida fue hecha para ese eterno momento. Aquel en el que caen las ropas, y el leguaje se hace táctil, lleno de asperezas y suavidades nunca tan suaves. Miraras esos ojos y sabrás que ahí están todas las respuestas, las que te cuestionaste y las que no, Que importa, dirás, todo confluye a ese instante a esa promesa de amor eterno, tangible, reciclable.Y el sol brillara mucho más y el frío será una promesa de futuro calor entre sabanas viejas y gastadas de tanto lavado, de tanto polvo; calientes y suaves, que te ocultarán y te dejarán ver cuando rueden por el piso de ese hotel, por esta vez, no tan anónimo.Hasta que alguien por algún motivo partirá y otra vez la soledad. El amor se hará distancia entre nosotros; se instalara la lejanía y todo se hará largo, interminable. Y noche tras noche te pensaré. Y al principio servirá, pero luego no será suficiente.Se que hay mucho trabajo, pero hay camaradería. Soledades compartidas. Afecto. Quizás alguna caricia algún consuelo, algo de alcohol. Y las ganas de quedarme, de que no se vaya. Y algún día me animare, me uniré y compartiré intimidades y jurare amor eterno. Y mi vida empezara de nuevo, y todo cobrara sentido. Sentiré que la vida fue hecha para este eterno momento.Puedo imaginar el celular sonado una y otra vez, pero vibra y timbra, en un lugar vacío.Podría ser en un cuarto de hotel; en una cartera; dentro de un bolso. Guardado en un ropero, o sobre un rincón de la habitación. Ajeno a las miradas, ya a unos 3000 Km. de distancia.Hace frío, por tanto las ventanas pequeñas están cerradas y afuera se ven montañas a lo lejos casi grises y algunas luces perdidas. El ruido de los camiones en sus filas interminables cargando más de 30 toneladas de roca se perderán, como siempre tras el polvo a medida que se alejen.La noche cae despacio y el cuarto se oscurece con la misma facilidad, que la lluvia hiende surcos en el polvo de las laderas montañosas, ya lastimadas. Todo parece impersonal; dos camas de una plaza las mesitas de luz, dos veladores con la lámpara medio desteñida de tanto dar luz a esos extraños visitantes fugaces.Aunque en realidad me imagino que el celular ya no esta ahí, sin duda ha partido y tal vez este en otro lugar. Ignorando todas señales de las antenas, que suben y bajan como el viento por las montañas. Perdido en su propio sueño, de preguntas, de silencios. Podría estar en tu bolsillo; pero no.Se instalara entonces aquel momento en que lo desgarrado de la separación, la falta de aire, el exceso de polvo en los pulmones , la tristeza infinita de la oscuridad; de insistir una y otra vez, a que contestes ese celular; que suena y suena en ningún lugar. Harás que ignore tu nombre y lo extraiga de mi memoria. Iré a trabajar y en algún momento, la camaradería, la soledad, la necesidad de compañía, la confidencia, y las ganas de que se quede. Y jurare amor eterno y sentiré que todo estuvo preparado desde antes. Aquel en el que caen las ropas, y el leguaje se hace táctil, lleno de asperezas y suavidades nunca tan suaves. Miraré esos ojos y sabré que ahí están todas las respuestas; las que te cuestionaste y las que no, Que importa, todo confluye a ese instante, a esa esperanza de amor eterno, tangible, reciclable.Y el sol brillara mucho mas y el frío será una promesa de futuro calor entre las sabanas calientes y suaves que te dejaran ver, que rodaran por el piso de ese motel ya no tan anónimo, más único; en medio de el pueblo lejos de la minera y las luces más lejos todavía, entre las montañas, Entonces, me levantare, dejaré ese esporádico lugar; abriré el casillero y no escuchare ese vibrar y temblar que forma parte del pasado. Me pondré el casco lleno de polvo y saldré a trabajar en la mina una vez más.
RB 10.04.07
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