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Arco de Ulises

ficciones

Lamentango- (Inundado de...)

Lamentango- (Inundado de...)

                             

Estaba tirado en la catrera, viendo como las sombras ya estiradas de los muebles desaparecían poco a poco de lo que alguna vez fue una blanca pared. Habían cobrado vida por la magia de la única vela que me quedaba. En estos tiempos de electricidad y de inundación las velas eran el oro, de nosotros los pobres; para ver; para rezar. Pero después de todo -¿que era lo que había que ver?- ¿a quien había que rezar?-. Si lo único que había afuera era la tristeza del agua amenazante; y apenas algunos perros deambulado bajo la persistente lluvia. Hacia semanas que todo era humedad y más humedad. Era ese olor de las cosas solas. Si la tristeza tuviera olor, seria ese. Yo lo sabía, fue hace un tiempo cuando ella se fue; que también estaba ese olor a humedad, a muebles solos, a casa vacía; vacía de olores de comidas de risas y porque no berrinches de mi único hijo Ariel. También él se fue, y aunque me dijo chau con su manito, yo pensé que seria por poco. Tenia que conseguir un trabajo y Maria se quedaría; dejaría de acusarme de vago y de inútil. Yo se que no hay olvido, pero supongo que ella si me olvido, porque no volvió. Lo único que me queda es este ranchito, lleno de goteras y amenazado con desaparecer con la creciente. Si lo cuidara para ellos tal vez le encontraría más sentido a estar encerrado entre estas paredes ya despintadas. Pero si ya lo perdí  todo, por lo menos es algo para hacer. Cuidar algo. Trabajo ya no tengo; algunas changas de vez en vez. De lo que sea trabajo, no se si para demostrarle a ellos que puedo, que todavía puedo ser útil. Pero ya estoy grande y me duele todo. ¡Tanto silencio!, ni los chicos por la calle. Es el silencio de los inundados; es la constante silenciosa de la perdida; del vacío en la totalidad de las aguas. A veces cuando me afeito me cuesta reconocerme en el espejo; pero algo es algo. La imagen que me mira del otro lado, me dice que alguien, aunque sea por un rato comparte mi silencio y mi desconcierto ante lo que observa. Si los recuerdos cayeran como la humedad; como la lluvia; y se los llevara el río, pensé. Ser alguien, esa ha sido mi obsesión desde antes que ella se fuera._-Sos un don nadie; ¡  mirálo al Mario! es mas viejo que vos y trabaja de sereno y gana cualquier plata; en cambio -¿vos que haces?  - ¡Nada! – ¡Sos, un don nadie ,¡No servís para nada! Y capaz que tenia razón;  yo de chico quería estudiar  mis viejos quisieron darme eso, que ellos no habían tenido. Y  yo quería tanto.... Si supieran como quería. Hasta me pagaron un maestro particular. (Yo no sabia esto antes), pero lo que leía, se me escapaba de la cabeza. Lo entendía pero, cuando me distraía se había ido. Todavía me acuerdo como si fuera hoy cuando me hicieron una prueba y me preguntaron por Pitágoras, y  a mi se me hizo como un triangulo en la cabeza y me quede mudo. El profesor me miraba y yo no habría la boca. Y ahí nomás lloraba. Tenía  miedo, nací con miedo. Antes no había psicólogos como ahora; antes, eran siquiatras y solo los locos se atendían y mi mamá, prefería tener un hijo burro, un vago; pero nunca un loco. Creo que ellos nunca supieron, las ganas de verdad que tenia. Quería tanto estar en la escuela; hacer las pruebas en vez de vagabundear por ahí. Menos me hubieran entendido lo que me pasaba  ya más mozo. Si daba vueltas y no entraba a los trabajos, no era por mala voluntad  Es que me quedaba mudo cuando me preguntaban como me llamaba, o que sabía hacer. Hasta el Valentín se me congelaba como Pitágoras en la prueba. He llegado a la conclusión,( ahora de grande), que algunos nacen muy orgullosos; otros inteligentes, y otros con miedo. (Aunque también hay inteligentes con miedo). Precisamente hoy estoy convencido; esa era la causa porque me juntaba con los que no iban a la escuela. Por miedo. Yo que quería tanto, había nacido, como signado por mi burres, de  memoria corta. Por lo menos ellos, los vagos, hacían lo que querían, yo no, solo miedo de la mirada de los maestros tenia, y de mi memoria que se escapaba..., que se escapaba. Y bueno, así progresaron todos, menos yo. Supongo fui la peor inversión de mis viejos. Me parece escucharlo a papá diciéndome    -¿porque, si nos rompemos el alma por vos?- Yo nunca tuve un libro y vos lo único que haces es vaguear, al menos pone el lomo. Pero también tenía miedo de eso. La gente me daba miedo. Y bueno por lo menos no los disguste con mi locura. El otro día me mire al reflejo del agua del rio oscuro; hoy casi desbordado, y me vi parecido,( supongo la genética). Me falta estar mas pelado solamente. Con este miedo metido adentro he vivido y supongo que es algún destino, que alguien me eligió, porque si. Aunque a veces pienso que hay decisiones que definen un destino y yo decidí ser burro y vago, mas nunca, pero nunca (eso si mamá), te juro…. loco nunca, Aunque a veces, necesito mirar las cosas para compararme, es decir para saberme acá, vivo, ser humano. Y ahí vienen los miedos, cuando se corta la luz eléctrica por la inundación y empiezo a perderme en las sombras. Tengo miedo de desaparecer mientras llueve, en la noche que se adueña de todo; Es cuando miro con desesperación la vela que se consume más y más. Y mas soledad y menos yo y mas vos, y ustedes dos, pero lejos, más lejos. Ya se apagaba la vela, cuando encontré una pila en el cajón  de la mesita de luz y ahí nomás antes de que fuera mas tarde, pude encender la radio cuando ya moribunda la vela finiquitaba, consumida en su breve y fugaz tiempo de luz o de oración y promesa Al celular le pasaba lo mismo. Se estaba descargando, no de hablar sino que a veces me servia como linterna. Nada que hacer, me recosté en la cama y me tape con la cobija húmeda, con la mano colgando al costado, tocando el suelo, por si me dormía y entraba el agua. No me iba a agarrar desprevenido. Con la radio en la otra mano sobre le pecho, pensaba que fumaba; imaginaba el humo, dando vueltas ,pero mas que nada  para imaginar la braza roja que en cada pitada iluminaba el oscuro entorno y así espantaba en una inspiración, las sombras que me diluían como el agua. Pero ni para cigarrillos tenia. Bueno, justo cuando la braza se encendía, Ahí, justo, ahí paso algo increíble, algo que no voy a olvidar nunca. Todo era  humedad, y yo más solo que solo; el celular moribundo sin electricidad para cargarlo. Como que si por ausencia y abandono se tratara  podría llamar a la electricidad Maria  y también, como no Ariel. Y en esa noche sin fusibles, pero con radio...-La escuche. Recitaba tangos,  y me corrió un escalofrío por la espalda.¡ Que voz!,¡ que ternura y comprensión!, cuanto amor. No soy tonto, me di cuenta hablabas para mi. Tangos y poesías de amor.-Si, en esa noche triste me hablaste solo a mí; fuiste mi luz, mi candil; tus palabras destaparon mis neuronas dormidas por miedo, por burro y vago. Mi cabeza exploto y tan emocionado estaba que cuando pasaron el número telefónico de la emisora,  mis dedos teclearon de memoria y en plena oscuridad en la posición exacta; sincronicidad  pura; ya inteligente, brillando con la luz de voz. Me atendió un paparúlo, que me pregunto el nombre la dirección y por poco mas el documento. Resignado a que no fueras vos, mi corazón era un bandoneón crujiente hecho de tango y tristeza, Peor que la ciudad oscura.-Diga don Valentín; diga lo que quiera yo le escribo el mensaje y se lo paso a Maria. ¿Qué Maria?- (pregunte)-La locutora, anímese que la tengo al lado. Anímese. ¿Pueden creer? -Se llamaba Maria. Y si estaba al lado, porque no. Hasta me escucharía aunque no quisiera; no por la cercanía al teléfono, sino por la pasión de agua de torrente ya desbordado de su cauce definitivamente en que se había convertido mi corazón. Entonces me olvide del paparulo y solo pensé en ella, en Maria. Y la noche se hizo luz de alegría de compañía Les juro, les puedo asegurar que de mi boca salían poesías del más puro arrabal; de amores perdidos (solo por un rato), porque después se encontraban. Porque las pérdidas  eran promesas, posibilidades,  de encuentro, de percantas de pasiones y no muy santas intenciones. Lo dije todo. Yo que era el burro, lo dije todo. Estrofas que de tan sentidas no parecían mías, mas bien de alguien que sabia y decía lo que verdaderamente sentía; yo Valentín,  paladín de todos los enamorados. Y fue así como, el aroma de la tristeza y la soledad se trocaron y multiplicaron en tablas aritméticas, cuyos valores estaban constituidos por los más sublimes perfumes de las madreselvas, logaritmos de rosales, la teoría de las cuerdas (fractales de tu pelo). Y al fin… tus ojos soñadores, tímidos y míos. ¡Ya sin miedo ni pudor!  Loco -Tal vez si, -Loco pero de  pasión inteligente Hecha palabra libre, sin miedo; mas Valentín que nunca. Puedo asegurarles que jamás se volverán a escuchar estrofas mas sentidas. Yo estaba como en otro mundo, flotando en néctares de ninfas bien criollas cuando el paparulo me hizo aterrizar de una patada.-Ya está don Valentín, ya está;  ya escribí, ahora se lo paso don -Muy bien, ¡muy bueno!, ¡muy bueno!Esperé..., El corazón se me salía del pecho y como para que no se escapara por la cabeza, me pegue la radio a la oreja. Ella leía los mensajes de los oyentes. Cuando me llego el turno, apenas  me reconocí. Ella decía;  si ella, decía que yo, Valentín. Valentín de la calle Justo al 900 me quejaba de  la E.P.E. - ¡Que otra vez me había dejado sin luz! Primero me enoje. Todo lo que dije ya era parte del pasado; memoria corta tenia. Nunca más se repetirían..., versos tan sentidos. Pura poesía. Pero esa noche amenazante de inundación,  de certeza de lluvia y tormenta; Maria; en esa noche triste, fuiste mil candiles para mi; y lograste que como hacia mucho, durmiera con la luz prendida, sin electricidad, sin velas, solo con tu voz que corría y espantaba a las sombras... y encendía, por fin, de nuevo, otro destino posible para mi, En el que la oscuridad, como el miedo, se iban estremecidos por tu recuerdo.

La libertad y Mona Lisa

La libertad y Mona Lisa

Si sus padres le hubieran puesto un nombre acorde a sus deseos, el elegido hubiera sido sin dudas, ¡Independencia!, -¡Autosuficiencia! -Aunque libertad creo seria el que más le hubiera gustado.

Al menos claro esta, basándome en sus discursos, de la más genuina chica universitaria que encuentra su fin y su meta, -quizás su destino, subida a estrado, mirada por miles de partidarios, en un concurrido acto eleccionario - Donde ella ya tenia todos los votos - Y donde no perdía la oportunidad de declamar.  - Compañeros, colegas, correligionarios la libertad y la independencia son los cimientos de la vida de todo ser humano y levantando la mano en un frenesí declamatorio repetía, - libertad!, ¡libertad! -Y la multitud la miraba como si mirára a un Mesías- No toda la multitud, hay que ser claros porque sus hermanas de partido, si bien parecían entusiasmadas ante tanta pasión desbordada (pero controlada) Juraría que sabían el verdadero mensaje oculto tras tanta declamación.

-Soy una persona independiente -Yo no dependo de nadie-

Y  -como por las dudas si no había quedado claro,-

Se habrán cuenta dado, como la conocí………. ¡Declamando!

En ese derrotero libertario, de panfletos y pancartas partidarias izquierdo derechistas transcurría su “independiente y autosuficiente vida”.

A quien no le gusta escuchar eso, -después de todo quien no carga alguna culpa por dejar corazones rotos en la deriva. -Aunque un buen balance personal, electro incluido, -Nos dejaría en terapia intensiva - Irrecuperables.

Por mi parte “él ingenuo” tendría que ser mi primer nombre, no por elección propia, Puedo asegurárselos  -Más bien  por mis ríos internos de la más pura, la más resignada, roja y ferrosa  vergüenza, de salame añejado en cubas de roble, por años enteros.

En pocas palabras y muy a mi pesar: Ingenuidad de la más pura cepa

Si  alguien, cualquiera -Por poseer la mas obtusa mente (claro está)-, no entendía su famoso discurso, quedaba descartado de su mundo automaticamente-Por imbecil.

Tengo que decir a su favor, que era hermosísima. Una bolche-capitalista, de hermosos cabellos negros, piernas lagas y busto como peras, ni ahí maduras. Para seguir con la ensalada -Sus  ojos como almendras orientales (como las de siempre, pero mas alargadas) y un cuerpo que explotaba en redondeses firmes y carnosas como de sandia, ( no confundir peras con sandias) Ese aire casi exótico, lograba que yo, el navegante, no acatara las señales de navegación, con el consecuente peligro de quedar varado forever en- tierra firme  .-Y peor con la embarcación destruida, hecha leña  -Lista para ser encendida e incinerada en un típico asado dominguero.

La relación se había establecido bajo este extraordinario contrato, -Cuado tengamos ganas nos vemos, después cada uno es   “libre de hacer lo que quiera”. Y teníamos muchas ganas, y más y más ganas. Entonces (yo con el contrato aprendido de memoria, me entregaba  confiado, excitado a los placeres que Libertad me daba – A decir la verdad me olvide del contrato, pero lo acepte y más de una vez imaginaba que no existía.  

El desenfreno -Casi como el sol en un tórrido día de verano, quemaba cualquier papel escrito. -Con esa pasión vivida solo cuando uno sabe que hoy puede ser el último día.

Cuando llegue ese día, me abrazo con ternura, y sentí el calor de su cuerpo junto al mio

Solo interrumpió el mágico momento el calor hecho vapor de la pava que ascendía en expansión molecular, proyectado desde su pico de acero inoxidable.

Libertad - sonreía.

Una sonrisa como explicarlo -igual, pero diferente, -Una sonrisa rara, extraña, inquietante, indescifrable.

¡Ya se!  -Una sonrisa de Mona Lisa reencarnada. Parada frente a mí. El paisaje tras esta aparición no era el mismo que el del cuadro original que todos conocemos, porque detrás de ésta  Mona Lisa, estaba la mesada lustrosa de granito rojo y las alacenas y la pava chillando vapor - por supuesto.

¡Valga el elogio para Libertad! - Que además de independiente, es muy ordenada y no se le escapa ningún detalle. (Ésta .última aseveración es extractada de uno de sus discursos –No se si el mas famoso- Pero si uno de los mas oídos, aparte del que ya conocemos.

Diría que estos, dichos eran tomados de alguno de sus libros de cabecera, que ella llevaba consigo a todos lados – Uno se llamaba: “Alabanza a uno mismo” y otro -“Nadie es perfecto..... Yo si”-, Otro mas “Hay que hacer lo que yo digo” y uno que no vi,  pero seguro formaba parte de esos anaqueles secretos de su mente “Como seducir teniendo un objetivo en mente y como subtitulo: 100% efectivo con ingenuos e incautos

.

El día transcurrió, casi como siempre –Casi- Porque el espíritu de Mona lisa flotaba en el aire. No tenia el mismo paisaje de fondo, pero su enigma era el mismo. Así  su sonrisa Monalisesca sobrevolaba las plantas. Se mojaba con la ducha. Aterrizaba sobre las sabanas arrugadas de su inmensa cama -Donde por un momento se desvanecía por nuestros apasionados besos.

-Pero después, -Un segundo de descuido y se instalaba de nuevo.

Debo confesar que me encanta Leonardo y su MonaLisa, pero ese día hubiera preferido a Goya y su Maja desnuda.

¡Libertad!, ese día la llame por su nombre más de lo normal- Más que en todos mis anteriores y repetidos encuentros, ese día pronuncie su nombre hasta el hartazgo Libertad tal cosa, libertad tal otra -De tantas maneras como nunca lo hice, olvide todos y cada uno de los sobrenombres ridículos que se les ocurra le haya dicho o que pudiera haberle puesto.

Algo extraño flotaba en el aire  ese día que poco a poco se transformo en noche y luego en mañana.   -¿Libertad?

El día  había terminado inquietamente. - En sus comienzos claro y diáfano. -Y ahora, siendo la mañana siguiente, previo abrir los ojos, no se porque sentía ese olor persistente -Como ese olor de tierra mojada.

Los motores de los autos, apenas  llegaban aletargados hasta la habitación del séptimo piso -Departamento donde residía la libertad del encuentro, la libertad de las ganas sin papeles, y claro está de la otra Libertad que ya conocen.

Tantee con la mano, pero Libertad no estaba. No abrí los ojos. -Mi mano siguió insistiendo, de apoco mi mente trataba de acomodarse. -.Libertad nunca se despertó antes que yo, siempre estaba ahí.

Me gustaba  pasar un rato solo en la cocina, antes de despertarla con un beso,

-Todos sabemos -Y si no lo sabemos tendremos que aprenderlo   -Eso de que te lleven el desayuno a la cama es una actitud machista e injusta para las pobres mujeres- explotadas, que solo merecían igualdad de derechos respeto y por supuesto,  ¡adivinaron!   -¡libertad!   

 -¿Llevarte el desayuno a la cama?, - Ni se te ocurra

Cuando mi mano se canso de tantear, no me quedo otro remedio que abrir los ojos a la luz del nuevo día. -Serian como las nueve de la mañana, pero desde la cama, el sol  no daba las mismas señales de ayer. El cielo tras las cortinas traslúcidas lucia como empalidecido, por una amenaza de tormenta, hasta ahora invisible.

Pensé que había dormido más de la cuenta, -Me incorpore y estire los bazos, a la par que bostezaba.

Mis ojos estaban sorprendidos    -Libertad, a los pies de la cama, sostenía orgullosa, una bandeja de lo mas tentadora. Facturas, torta, jugo de naranja y un florerito con un pimpollo desconcertado, haciendo equilibrio sobre su tallo, el florero y la bandeja.

A duras penas el café se quedaba en la taza. La impaciencia de libertad, (y la falta de costumbre) también (lo justo es justo) hacían que el café, desplegara un oleaje demasiado alocado para los límites, que le imponía la mediana taza de porcelana, que apenas lo contenía. 

-Como resultado, de su nerviosismo, de su falta de costumbre o quizás porque en el fondo se sentía culpable de ofender a sus sacrificadas y nunca suficientemente reivindicadas mujeres libres del tercer mundo del primero y del quinto por si todavía existía  algún universo paralelo (les dije que  - ¡No se le escapaba nada! -).

Ella seguía con sus ideas y preceptos, -Pero el café  no pensaba lo mismo. -Y desafiándola había escapado de la taza y se escurría entre el plato, las medialunas y la torta.

Me reí con ganas, -Era feliz-, todo parecía divertido hasta la frustración dulce en la cara de Libertad, que fruncía el entrecejo, enojada con el desobediente e independiente café. –Yo la miraba mientras, apoyando una rodilla, sobre la cama, -Con lo que quedaba de los majares, ahora  inundados  -Sonreía.

Tenia puesta una camisa mía, con apenas dos  botones abrochados -dejaba ver ahora  sus frescos pechos con olor a limón orgullosos, erectos, sobre el naufragio de torta café y medialunas..

La bandeja recibió otro inesperado golpe, esta vez desde abajo, y ahora quedo inclinada definitivamente, y ya no importaron las tortas ni el café, ni el jugo de naranja (único salvado del naufragio). Para mi solo había olores a limones., a peras alimonadas, a confusión y locura.

Quedamos de espaldas uno al lado del otro. -Te sentía suspirar. Mirábamos el techo.

La claridad de la pieza ya no era tanta, las cortinas se movieron como dando entrada a un aire frío que solo podía presagiar tormenta.

Me incline sobre un costado y te vi.-Me miraste a los ojos, y me pasaste información a tropeles, que mi computadora mental no resistía y por fin, como si fuera poco, ¡MonaLisa! -Otra vez   -Entre nosotros. -En la cama. -¡Por fin sabia el secreto!, que tan bien guardaste, aquel secreto partidario, y solo compartido por tus colegas oprimidas.

Ahora la libertad era una cosa del pasado, que – obviamente- no querías alterar mi mundo, que respetarías siempre mi libertad -Siempre que cumpliera algunos requisitos y mientras decías esto supe me tomabas las medidas de mi cuello, -A puro ojo. Para ponerme el pretal.  Ella que me quería tanto,-Y después de todo para que sirve la libertad. –No hay cosa más solitaria e improductiva.

Sin darme cuenta ya no estabas en la cama, estabas en un podio, pero ahora con la misma pasión declamatoria. -Tu discurso era en el balcón. Tu publico se amplió. Ya no éramos universitarios, éramos  todos, los vecinos de los departamentos, los transeúntes, los pájaros, los perros, las mujeres del supermercado, las adolescentes, los carpinteros, los vendedores en fin todo un nuevo universo naciendo frente a mí a borbotones, Saliendo de tu encendido discurso. Por lo menos cada cosa en su lugar, Monalisa volvía a ser de Leonardo.

Te deje hablando sola en el balcón.  –Cuando pase por la cocina y con  mi mas profundo terror, vi unas maderas ardiendo en la parrilla de tus intenciones.-De tus incumplidas promesas. -Estaba condenado a hacer el asado, y mi barco tendría que ser el combustible. Era el precio justo, -De acuerdo a tus nuevos planes. Lo menos que tenia que hacer era eso. El salame, se estaba ahumando y se chamuscaba.

El pacto estaba roto, nunca volverás a ser igual, -No por mi, pues a partir de ese día, te enojaste mucho. Porque como todos sabemos la culpa la tengo yo.

Espero que el tiempo te haga madurar (no a tus peras que deseo conserven su frescura, lo juro). Lamento, -eso si-Hayas destruido con mas persistencia de la acostumbrada algo que pudo ser eterno. El nombre que a vos tanto te gustaba y que por un loco capricho un día tiraste por la borda, Desde un balcón ya enloquecida de egoísmo y porque no -De miedo a quedarte "sola".

A encontrar tu verdadero nombre, ese que solo vos podes descubrir en tu interior.

  
22/03/2007 22:59 Enlace permanente. Tema:

Blue Mhotel

Blue Mhotel

 

 

Nada podría confirmar ni desmentir, todas las verdades o mentiras que pasan por mi cabeza, en un día como hoy, de silencio obligado y meses  cruzados como ráfagas de viento huracanado, que me desvían del sendero que me impuse, cuando pretendí seguir tus huellas, en los escarpados terrenos, en los subterráneos espacios, que orada el recuerdo a medida que la distancia socava el más profundo pensamiento.Puedo imaginar el celular sonado una y otra vez, vibrando y timbrando, en un lugar vacío; el cual podría ser un cuarto de hotel, en una cartera, dentro de un bolso; quizás guardado en un ropero; sobre un rincón de la habitación; también  sobre una de las camas a  3000 Km. de distancia; en un clima frío, y ventoso. Cálido lugar, cuando estaba a tu lado.Hace frío, por tanto las ventanas pequeñas están cerradas y sus cortinas gastadas, corridas hacia los lados dejan ver tras los vidrios  traslucidos a causa del polvo depositado, luces a la distancia. mientras el polvo se desliza hacia los pisos inferiores, chocando una y otra vez contra el pavimento, obligado por la vibración  y el ruido de los camiones cargados, que  en sus filas interminables, soportan el peso de la roca, arrancada de las entrañas, de la alguna vez inmutable montaña; con la excusa de extraer su mineral latente y codiciado, con el aval, que solo da la urgencia, inevitablemente humana. Más distantes pueden verse, las montañas casi grises y algunas primarias luces de  poblados cercanos; que dejan a la minera, más lejos, como escondiéndose avergonzada de su saqueo persistente.La noche cae despacio y el cuarto se oscurece con la misma facilidad. Todo parece impersonal. Dos camas de una plaza, las mesitas de luz, dos veladores con la lámpara medio desteñida de tanto dar a luz soledades; de tantos extraños visitantes fugaces.Aunque en realidad me imagino que el celular ya no esta ahí, sin duda ha partido y tal vez esté en un campamento, con el aire enrarecido por la molienda de las rocas, hechas polvo en su lixiviación; antes del cianuro; antes de la separación; aunque no antes de la contaminación. En el aire flota el mismo polvo que obstaculiza la visión tras los vidrios de  las ventanas de ese hotel, tratando de liberarse del destino que lo robó de la montaña; pero solo por un instante, pues nada impedirá que caiga sobre los tejados, los glaciares y los lagos, que perderán su prístino azul original; así como los cultivos de tabaco, de mimbre de cerezos, y hasta sobre  las alas de las abejas que verán con desazón los apicultores de la zona. También se asentará, sobre los cascos amarillos, que al final del turno conocerán la oscuridad tras las puertas con candado, de un casillero en particular y donde ya abandonado, hará de caparazón empolvado a un  celular, que vibra y timbra escondido, acurrucado. Perdido ya, de preguntas y de sonidos desacompasados en el silencio y en medio de la más oscura soledad, cerca pero no dentro de la mina. Podría estar en tu bolsillo; pero no; apenas queda tiempo para que me contestes. Se que hay mucho trabajo, pero habrá camaradería. Soledades compartidas. Afecto. Quizás alguna caricia algún consuelo; algo de alcohol y las ganas de quedarse juntos, de que nadie se vaya. Y algún día te animaras; se quedaran y compartirán intimidades y se juraran amor eterno. Entonces tu vida empezara de nuevo, y todo cobrara sentido. Sentirás que la vida fue hecha para ese eterno momento. Aquel en el que caen las ropas, y el leguaje se hace táctil, lleno de asperezas y suavidades nunca tan suaves. Miraras esos ojos y sabrás que ahí están todas las respuestas, las que te cuestionaste y las que no, Que importa, dirás, todo confluye a ese instante a esa promesa de amor eterno, tangible, reciclable.Y el sol brillara mucho más y el frío será una promesa de futuro calor entre sabanas viejas y gastadas de tanto lavado, de tanto polvo; calientes y suaves, que te ocultarán y te dejarán ver cuando rueden por el piso de ese hotel, por esta vez, no tan anónimo.Hasta que alguien por algún motivo partirá y otra vez la soledad. El amor se hará distancia entre nosotros;  se instalara la lejanía y todo se hará largo, interminable. Y noche tras noche te pensaré. Y al principio servirá, pero luego no será suficiente.Se que hay mucho trabajo, pero hay camaradería. Soledades compartidas. Afecto. Quizás alguna caricia algún consuelo, algo de alcohol. Y las ganas de quedarme, de que no se vaya. Y algún día me animare, me uniré y compartiré intimidades y  jurare amor eterno. Y mi vida empezara de nuevo, y todo cobrara sentido. Sentiré que la vida fue hecha para este eterno momento.Puedo imaginar el celular sonado una y otra vez, pero  vibra y timbra, en un lugar vacío.Podría ser en un cuarto de hotel; en una cartera; dentro de un bolso. Guardado en un ropero, o sobre un rincón de la habitación. Ajeno a las miradas, ya a unos 3000 Km. de distancia.Hace frío, por tanto las ventanas pequeñas están cerradas y afuera se ven montañas a lo lejos casi grises y algunas luces perdidas. El ruido de los camiones en sus filas interminables cargando más de 30 toneladas de roca   se perderán, como siempre tras el polvo a medida que se alejen.La noche cae despacio y el cuarto se oscurece con la misma facilidad, que la lluvia hiende surcos en el polvo de las laderas montañosas, ya lastimadas. Todo parece impersonal; dos camas de una plaza las mesitas de luz, dos veladores con la lámpara medio desteñida de tanto dar luz a esos extraños visitantes fugaces.Aunque en realidad me imagino que el celular ya no esta ahí, sin duda ha partido y tal vez este en otro lugar. Ignorando todas señales de las antenas, que suben y bajan como el viento por las montañas. Perdido en su propio sueño, de preguntas, de silencios. Podría estar en tu bolsillo; pero no.Se instalara entonces aquel momento en que lo desgarrado de la separación, la falta de aire, el exceso de polvo en los pulmones , la tristeza infinita de la oscuridad; de insistir una y otra vez, a que contestes ese celular; que suena y suena en ningún lugar. Harás que ignore tu nombre y lo  extraiga de mi memoria. Iré a trabajar y en algún momento, la camaradería, la soledad, la necesidad de compañía, la confidencia, y las ganas de que se quede. Y  jurare amor eterno y sentiré que todo estuvo preparado desde antes. Aquel en el que caen las ropas, y el leguaje se hace táctil, lleno de asperezas y suavidades nunca tan suaves. Miraré esos ojos y sabré que ahí están todas las respuestas; las que te cuestionaste y las que no, Que importa, todo confluye a ese instante, a esa esperanza de amor eterno, tangible, reciclable.Y el sol brillara mucho mas y el frío será una promesa de futuro calor entre las sabanas calientes y suaves que te dejaran ver, que rodaran por el piso de ese motel ya no tan anónimo, más único; en medio de el pueblo lejos de la minera y las luces más lejos todavía, entre las montañas, Entonces, me levantare, dejaré ese esporádico lugar; abriré el casillero y no escuchare ese vibrar y temblar que forma parte del pasado. Me pondré el casco lleno de polvo y saldré a trabajar en la mina una vez más.

 RB 10.04.07

Aquiescencia

Aquiescencia

El pescador salto de la canoa; sus manos callosas habían arrojado hacia atrás los remos, que hicieron un ruido sordo al chocar contra el fondo de la canoa. Tenia ese gusto a sal en la boca y guardados entre sus arrugas, días de sol, agua y viento, ya incrustados, como en el alma, por los tiempos de los tiempos. Todos los días llegaba con lo que había podido arrebatarle al mar. Esta vez unas corvinas, que mostraban su lomo escamoso a la luna.No era tan tarde, pero si para el sol que se había ocultado hacia el oeste, como llevado por el viento.Siempre era una alegría, amen de una obligación salir; pero volver, era otra cosa; algo que confirmo ni bien sus pies sintieron la fuerza punzante de algunos guijarros, que presionaban sus plantas al saltar de la embarcación e imagino sus pies hundidos como remos clavados, entre la arena y el agua, entre el día y la noche. 

Rocas abandonadas, sobreviviendo juntas a su volumen mineral y atómico; rocas que encuentran su libertad, en la fragmentación, al saber que en ese hacer inevitable del agua y su efecto, crean el fin del comienzo.  Aceptando como parte de la vida, la erosión que al fin del proceso, resultara en infinitos fragmentos de arena y de los pocos segundos de luz, que regalaran  a la noche, en el reflejo de su ahora, múltiple superficie cristalina.Guijarros, pulidos fragmentos en vaivén;  fieles, dóciles, a la marea de lunas y estrellas, que se miran en y entre ellas; y se crean y recrean, en mucho más, que sus propios contornos, al reflejo nocturno. 

Con la bolsa al hombro, los aparejos y los pescados, hecho una ultima mirada a la inmensidad rugiente, rumorosa del mar y la naturaleza y sus ojos festejaron las estrellas que parecían mas quietas, ahora en tierra firme. Mientras el viento movía su camisa, como si fueran velas de una embarcación a la deriva, sin pasado ni futuro, flameando sin control. 

Sonidos de fondo; entrechocar, solo rodar y el murmullo como la respiración de las olas, deshaciéndose en presente, y las rocas en futuro. Noche que se abre inmensa, pura promesa repercutiendo en el húmedo aire nocturno. Múltiples acercamientos, entre el mar y la piedra. 

Vasto un segundo de atención, para descubrir el sendero, que con andar lento y memorioso comenzó a recorrer; dejaba el mar a sus espaldas, su cabaña adelante y la noche en todos lados. Era como disfrutar un tiempo abisal. No sabia porque pero, de pronto recordó a su padre, que le enseño a pescar en alta mar. De chico, una vez casi se ahogo, en una de esas salidas. Demoro en salir de nuevo, tanto llamaba el fondo, tal era su atracción. Más algo lo evitó, una mano firme lo rescataba y lo llevaba hacia el sol. Paso un largo tiempo hasta volver a intentarlo. El día que por fin tuvo el coraje de hacerlo y subió junto a su padre a la canoa, supo que había ganado eso, que estaba en juego. No era la tradición, ni siquiera la obligación y el sustento. Había vencido el miedo a lo profundo y había ganado su libertad para siempre.

Oscuras y vastas; gigantes y arenosas,  dunas escoltando el sendero sinuoso, montañas de pequeñas lunas,  llenas de sombras transitándolo, como la de los que dejan el mar tras si, el murmullo esperando en el agua. Como la vida, escurridiza, que se arrastra y entrama por los pajonales y las intersecciones y  sus  destinos. Ojos rojos, asombrados, curiosos, atentos y arriba puro cielo y abajo; Humedades, gotas condensadas, mundos abisales redondos incontables, brillantes, de tantos planetas y satélites como se quiera ver.

 Chasquidos

 Crujidos

 Silencio

Púlsares

Dirigió su mirada hacia delante del sendero, ya quedaba atrás el mar, rugiente y sereno. No había ni una sola nube, aunque el viento del este, traería a la madrugada, pesados y oscuros nubarrones  estallando en truenos y relámpagos. Entonces las gotas, se precipitarían pesadas, encima de los  arenales y pajonales.

Aguas y silencio

El todo y la nada

Se acerco despacio; finalizando el sendero, en un claro se divisaba ya la cabaña, los aparejos en las paredes de madera blanca, las redes y la otra canoa dormida sobre los caballetes. Parado justo ahí ,lejos de la cabaña cerró los ojos, a su noche propia. 

Se acerco despacio, como un animal nocturno, sigiloso. La luz del farol escapaba por la ventana y formaba una flecha rota sobre las pequeñas crestas de la arena; que precedía desde afuera a la puerta, apenas entreabierta. El cerró sus ojos.Ventana. Mesa. Farol, humeante; fuego naranja. Cama desordenada. Puerta entre abierta, vasos de vidrio en la repisa.Repasador en la falda, y en su mano las circustancias a medio andar, en la otra un cuchillo. Sueños renovados, de un lado sobre la mesa, posibilidades prolijamente amontonadas a un costado, en un plato. Mirada abstraída, mundo de cuchillo y filo. Materia que no se resiste. Almidón, agua y  Silencio. Pies descalzos, madera gastada, piernas entre abiertas, oreja naranja, nariz recta, pelo negro con destellos naranja.Boca, mordiendo suavemente, cortinas rozando, suavemente. Astilla como cuchillo que hiende un dedo de sus pies .Húmeda, sedienta de adentro.Blusa entreabierta, pechos apretados. Silencio. Golpeteo de arena, sobre la chapa. Ecos lejanos, voces quizás?Anhelo de encuentro, piernas más abiertas, pelo pesado y ondulado. Ojos atentos, corazón agitado, lejano mar de fondo. 

Abrió los ojos y los volvió a cerrar, para recuperar el aliento que robaba el viento, mientras, revoloteaba a sus espaldas.Garganta seca y salada los dientes apretados en tensión, Con la sangre fluyendo a torrentes y los latidos ensordeciendo la noche. Su mirada perdida en aquella otra mirada de dentro, y sumergiéndose en la trampa del momento, del recuerdo. Su respiración contenida. Escuchaba la de ella.

Se acerco aun más y ya desde la poca sombra, escondió su mirada de la de luz de ella; que mueve la lengua, que moja, labio contra labio; mirada clavada, penetrante, lacerante a la distancia; sexo caliente, pechos por los aires, abundantes, onerosos. Sensualidad desbordada: Manos que ruedan, sobre los pechos comos dunas doradas particulares  y calientes. Almidón y vapor.

 Mano que baja desde fuera, ojos ahora abiertos, que siguen al viento que pega y se clava dentro de la cabaña y la penetran. Manos que suben, bajan en la oscuridad. En pequeños segundos de luz Ojos atrapados en las dunas, en la palidez de las dunas. Respiración agitada, ruido a saliva que baja, que baja, corazón que explota.

Calor con calor y el farol que empalidece en el rojo de tu entrepierna. Roja, roja. Sienes que arden. Pelo suelto y pesado. Cabeza hacia atrás, marea de arena, que mira las estrellas a trabes del techo de  chapas.Levantada, mano anhelante, que pellizca. Abrazo, Destellos anaranjados en el pelo rizado, negro, castaño. Rojo. Mojado. Respiración entrecortada, ojos que roban el naranja del fuego, y lo pasan a la piel, al sudor. Púlsar, abrir y cerrar. Cerrar y abrir, abrir. Entrar y salir . Mesa que tiembla, silla de espaldas, y dos pies que acarician el piso, la arena y alguna astilla que hiere. Baso que rueda, chorro y gotas  rojas de vino tinto, que caen y caen, despacio, redondas, perfectas. 

Gemido,

Estertor

Púlsar

Silencio

Constelación 

Afuera,  caen desde la mano antes áspera, los ríos blancos de  la misma conmoción  de temblor de vía Láctea. Dentro de la entraña misma del planeta. Ahora de rodillas en la arena, ceremonia lunar de adoración. Sintiendo el viento a sus espaldas, que golpea su cuerpo y más adelante, sube por las paredes y se desliza por el techo en arena que del techo baja al lecho, mientras la canoa protesta al golpeteo, crujiendo, gimiendo. 

Calor y sudor en el viento.

Temblor y estallido.

Púlsar Silencio.Constelación

Ella corre la silla, junta los recuerdos y se  refresca la cara y actúa su misión aprendida desde chica, atender al hombre de la casa. Nunca se cuestiono nada, simplemente así tiene que ser; lo que tenia claro, es que nunca dejaría ese mar, no podría, necesitaba saberlo cerca, para respirar. Limpia la mesa, pone el mantel a cuadritos azules, (más bien celeste como el mar, de tanta sal). Barre y pasa el trapo, como tantas veces sobre el piso de madera. Enciende una vela, coloca los cuchillos en la mesa, los tenedores el pan y acomoda los vasos y un plato de mas… como antes. La puerta se abre  y encuentran su presente, se miran sin ver y presienten más que sienten, la entrada de una ráfaga marina de sal y de claridad lunar, dentro la cabaña. El acomoda la bolsa, piensa en un beso y le da un mordisco a un pedazo de realidad,  y sus ojos brillan y también actúa su misión primaria. Antes desterro sus miedos sin hablar.

Algunas gotas ruedan por el techo de chapas, condensadas por el frío nocturno y el viento agita las llamas del farol y las velas.

Ella sirve la comida, toma un plato y pone muchas intenciones como a el le gustaban; A su lado coloca un trozo abundante de pescado y un puñado de momentos..

El toma la botella de vino, y lo vierte dentro de ella, en dos vasos… como antes. Donde se vuelve más anhelo rojo, si es posible,. Cuerpo sutil naciendo.

Uno frente al otro sin hablar; diciendo a gritos, en el más puro de los silencios, aquellos de las ausencias. Silencio

Y en una hendidura del piso, apretada, redonda, perfecta, casi un universo; una gota roja, tinta;  esconde un mundo abisal, lleno de estrellas y constelaciones, casi como posibilidades infinitas, para el que desee ver, o buscar en el recuerdo, en el futúro, o en el presente, de este nuestro magnifco encuentro, con esta noche silenciosa y cósmica.