No hay sendero mejor, que el agua bajo mis pies
No hay destino mejor, que el horizonte
Al que apunta la flecha, proa de mi barco
Ni mejor impulso, que el proporcionado
Por mis blancas e inflamadas velas
En tensión siempre, desde sotavento.
Estirándose al limite, por el barlovento
No hay resultante mejor, que ésta sumatoria
Donde conviven, noche y días de aventura
Jugando a veces, un poco, con la cordura
Esa de creerte todo, cuando en realidad
Juegas una vez más... con mi arboladura
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