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Arco de Ulises

Freud

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III A Wilhelm Fliess 

Viena IX Bregase 19, 2-11-1896 

Mí querido Wilhelm: 

“Se me hace tan cuesta arriba, escribir en estos días, que he tardado demasiado en agradecerte, las conmovedoras palabras que me dedicas en tu carta. Por una de esas oscuras sendas, que suele ocultar el telón de la conciencia oficial, la muerte del viejo, me ha afectado profundamente. Le tenía en gran estima, le comprendía muy bien y con aquella combinación de profunda sabiduría y optimismo romántico que le era peculiar, significo mucho para mí. Su vida había terminado en realidad, mucho antes, que muriera, pero su fallecimiento, parece haber despertado en mí, recuerdos de toda mi vida anterior.

Me siento, ahora, completamente desarraigado.

Por lo demás estoy trabajando en las parálisis cerebrales (Pegaso bajo el yugo)  y me satisfacen los siete casos que tengo en observación. No obstante me complace aun más la perspectiva de charlar contigo, durante varias horas.

Me siento aislado, lo que no deja de parecerme natural. Quizá pueda hablarte de unas cuantas cosas curiosas, a cambio de tus grandes ideas y descubrimientos. Los negocios de los que mi humor depende, invariablemente, no marchan muy bien este año…”

“He de contarte un bello sueño, que tuve la noche siguiente al funeral. Estaba en cierto establecimiento, y allí, sobre un tablero leí lo siguiente:”

Se te pide.

Que cierres los ojos

“En el acto reconocí el …..duelo. ...... conmigo, porque yo, había…” 

“Por tanto, el sueño, fue una válvula de escape, para esa tendencia al autorreproche, que la muerte deja invariablemente, en los supervivientes.”

Mis saludos mas cariñosos, Tuyo ,Sigm.  

Epistolario II- (1891-1939) Sigmund Freud

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